La historia de la lucha libre en Chile

   
Husmeando por las redes sociales llegué a una nota de facebook escrita por Sebastián Valenzuela, no dejó de llamarme la atención porque hablaba de algo, que si bien yo conocía, vale la pena masificar y que mucho más personas lo puedan leer, así que me comuniqué con él y me autorizó a publicarlo acá, esperando que más gente lo pueda leer. Así que sin más preambulo, les dejo la nota:

Historia de la Lucha Libre en Chile

La Lucha Libre en Chile:

La historia de la lucha libre en Chile comprende un número incontable de versiones que narran desde distintos puntos de vista una historia común pero que toma tonalidades, inclinaciones, fuerza y declive bajo miradas particulares. Relatos difusos que hacen de esta cronología una mezcla de realidad y ficción, en una epopeya que tiene héroes y villanos.

El Cachacascán

Los inicios de la lucha libre en Chile como espectáculo se remontan a los años 30. Sin embargo lo anterior, existen datos de que anteriormente, a fines del siglo XIX, distintos espectáculos circenses contaran entre sus presentaciones con algún número de “hombres fuertes” que combatían en coreográficas batallas.
Es en aquellos años 30 que el empresario francés Constance Le Marand, trajo a su troupé de luchadores para montar un novedoso espectáculo en el Teatro Royal de la calle Huérfanos de Santiago. Con esto, y las presentaciones esporádicas dentro de Latino América, comenzaron a generarse lazos con luchadores de alto calibre de la escena internacional, surgiendo las primeras camadas de luchadores dentro del país.
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La popularidad de este tipo de presentaciones llamó la atención del empresario Enrique Venturino Soto, dueño de la empresa “Cóndor”, productora de grandes espectáculos como el “Circo de las Aguilas Humanas”, quien llegados los años 40 se vuelve dueño del Teatro Caupolicán y comienza la que es conocida como la era de mayor fervor por la lucha libre a nivel nacional.
Con el Teatro Caupolicán como sede de estas grescas, Venturino se asoció con Renato “Huaso” Briones y Vicente “Manolete” García, insignes formadores de luchadores, con quienes montaron y produjeron durante casi 30 años, estos espectáculos de alta categoría con luchadores de talla mundial.
Mezclando alter egos variados, personajes de todo tipo e importantes representantes de la lucha libre nacional e internacional, el “Catch as catch can” se convirtió en símbolo de una generación en el que sus participantes pasaron a ser grandes estrellas.
Los luchadores eran atletas completos. Las luchas seguían una lógica de espectáculo, pero se basaban en un combate cuerpo a cuerpo donde todo aquel participante debía contar con las aptitudes técnicas y físicas para entregar un show de calidad a la vez de presentar una pelea de categoría.
Fue cuestión de tiempo para que distintos empresarios replicaran la fórmula, dando paso a nuevas escuelas de luchadores, como las del Fortín Prat de Valparaíso y el Club Mexico en Santiago, abriéndose espacio a nuevos puntos de presentación, como las exhibiciones a cargo de Atilio Paredes en el gimnasio de la Federación de Basquetbol en Santiago.
En 1968, una importante delegación de 11 “Catchers” junto al Huaso Briones, se dirigía a la región de Aysen para realizar una serie de presentaciones. Sin embargo, el mal tiempo e imperfecciones técnicas, llevaron a que el avión en el que viajaban junto a 25 tripulantes cayera estrepitosamente, apagando la vida de importantes luchadores, junto a la de uno de los principales precursores de esta disciplina, marcando uno de los hitos más desoladores en la historia de la lucha libre nacional.

Los Titanes del Ring

Llegado 1971, la lucha libre chilena llega a la televisión por primera vez. Dado el importante alcance que estos espectáculos lograron, el “Cachacascán” (como pasó a conocerse tras los años de exhibición) comenzó a expandirse hasta llegar a la pantalla chica, ahora bajo el nombre de los “Titanes del Ring”.
Tras multitudinarias presentaciones y una importante audiencia televisiva, el programa en su segunda temporada el año 1974 se ve abruptamente terminado producto de la censura política imperante. Sus últimas presentaciones, dado el clima social que se vivía en ese entonces, contaban con la presencia de militares armados dispuestos a cualquier cosa ante una revuelta. La prohibición de eventos de carácter masivo y una connotación “upelienta” llevaron a que el programa y posteriormente, el registro de esto, fuese totalmente eliminado.
Llegado el año 77 y mediante la promoción y producción de Eduardo Ravani, Jorge Pedreros y Fernando Alarcón, se logra introducir un segmento de 45 minutos de los mismos Titanes del Ring de Ernesto Morales dentro del programa “Dingolondango” de Canal 7, conducido por el célebre animador Enrique Maluenda. El programa alcanzó importantes peaks de sintonía, y el segmento “Los Colosos del Dingo” no se quedó atrás. Sin embargo, y nuevamente bajo el régimen político imperante, el programa fue cancelado, limitando nuevamente el alzar de la lucha libre nacional.
El año 79 la lucha libre vuelve a la televisión, ahora a color y aun bajo la dirección de Ernesto Morales. Los “Titanes del Ring” volvieron a brillar, ahora en la señal de Televisión Nacional de Chile (TVN), con Octavio Sulfán como maestro de ceremonias y un jurado de elite para regir cada combate. El cachacascán de otrora retomaba el sitial que había perdido con el pasar de los años. Sin embargo, ese brillo comenzó a apagarse poco a poco como consecuencia de la edición y la censura que se realizó sobre las luchas procurando evitar “incitar a la violencia”, condicionando las caídas de alto impacto, las llaves riesgosas o la sangre, quitándole el realismo al producto que con tantos años de evolución sus desarrolladores lograron, evidenciando golpes falsos y movimientos acrobáticos, lo que sepultó a la lucha libre bajó el eslogan de “tongo” y culminando las transmisiones de este espectáculo televisivo el año 1982.
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Fue así como durante los años siguientes, la lucha libre chilena vivió un período de eminente silencio y casi nula actividad destacable. Los otrora exitosos luchadores debieron dedicarse a distintos oficios y muchos de ellos se alejaron para siempre de la lucha libre como forma de vida o pasatiempo. Sin embargo, algunos quisieron mantener la llama encendida, y en pequeñas escuelas de formación impartieron conocimientos a las que serían las nuevas camadas de luchadores que se conocerían luego a fines de la década de los 90.
Los ejes principales de desarrollo de la lucha libre chilena tras el último período de exhibición de los Titanes del Ring en la televisión, pasaron a ser dos regiones principales: La escuela de San Antonio, comandada por Hugo Roa (Hugo el Joven Maravilla en Titanes, y luego Ángel Blanco) Mario Espinoza (Faraón en Titanes, Halcón en tiempos posteriores) y Oscar Carraza (Rayo de Jalisco, Hombre Araña) entre otros, mientras que en Santiago, se desarrollaba la escuela de Miguel Ángel Fanfani (Mr. Death) y por otra parte, la de Gregorio Berrios (Black Demon).
Estos focos fueron los que guiaron los fundamentos de la lucha libre nacional en lo que compete al contexto contemporáneo, al ser los puntos de gestación de los luchadores que tomarían las riendas de esta disciplina a nivel país en las generaciones venideras.
En Santiago, un incansable Fanfani, trabajaba arduamente por retomar los años perdidos de lucha libre en chile. Esperanzado e insistiendo a Juan Azúa, gerente del Teatro Caupolicán (en ese tiempo conocido como Teatro Monumental) tras varios años de intentos fallidos por reclutar interesados, formó en 1998 una pequeña troupé con la que levantaría las presentaciones en las que él haría de maestro de ceremonias bajo el título de “Fanfani Play Catch”.
El año 1999 y como una sección dentro del programa de TVN de media tarde “Pase lo que pase” se desarrolló el proyecto “Titanes 2000” donde distintos luchadores, Titanes del ayer, entre ellos Robin, Black Demon, el Angel Blanco y Faraón, participaron de exhibiciones abiertas junto a sus discípulos directos, donde se retomaba el espectáculo de los Titanes del Ring bajo un esquema similar al que se presentó en los años 80.
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Ese mismo formato descontextualizado, sumado al poco interés de los productores por desarrollar una propuesta seria de lucha libre, llevó a que los mismos luchadores se desencantaran del proyecto, desligándose tras algunos capítulos al aire. La lucha libre nuevamente había sido expuesta bajo las condicionantes de la televisión, siendo amoldada al gusto de productores que desconocen el formato y que más que un aporte, significó un retroceso respecto a la imagen que la lucha libre chilena proyectaba como espectáculo.
Estos intentos fallidos por retomar la lucha libre chilena bajo los estándares conocidos llevaron a que quienes en ese entonces eran los discípulos de los Titanes, impulsaran el producto de la lucha libre nacional a nuevos espectros, iniciando de esta manera, lo que sería la nueva etapa de desarrollo de la lucha libre en chile.

El “Wrestling Chileno”

Influenciados por el importante crecimiento de la industria luchística internacional, los luchadores que comenzaron a surgir de las canteras de San Antonio y Santiago, comenzaron a desligarse del formato propio de los Titanes del Ring para fomentar nuevas propuestas que significaron una renovación en torno a la imagen que la cultura chilena conocía de este deporte espectáculo.
Fue entonces como llegado el año 2000, aparecieron importantes puntos de desarrollo de la lucha libre nacional; Xtreme Lucha Libre en Santiago y Chile Wrestling Now (CWN) en San Antonio.
Este fue el surgimiento del que algunos llaman el “Wrestling Chileno”, resultado de la combinación de la escuela de lucha de los Titanes teñida con el formato de lucha importado de las influencias Norteamericanas.
De esta forma, la lucha libre en ambos focos comenzó su desarrollo particular ofreciendo veladas periódicas, no de un alcance multitudinario, pero si suficiente como para demostrar que la lucha libre chilena aun podía encantar a un margen de público considerable.
Mientras que en CWN los personajes, la técnica y la puesta en escena eran lo primordial, en Santiago, los Xtreme daban prioridad al impacto que podían generar en el público, entregando un espectáculo cargado al formato “Violento” que durante esos años se hacía cada vez más fuerte gracias al surgimiento de la ECW (Extreme Championship Wrestling) en Estados Unidos.
Si bien ambas agrupaciones desarrollaban un formato distinto, existía una dinámica de trabajo recíproco, dando espacio entre sus presentaciones a la exhibición de luchadores de la agrupación paralela.
El desarrollo de estos proyectos fue realizado en una mezcla entre autogestión y el apoyo de externos que funcionaron en algunos pasajes de la historia de cada una de estas agrupaciones como productores de las veladas.
Llegado el año 2002 y cuando se vivía en ambas zonas un latente declive en el ritmo de sus presentaciones, nació un ambicioso proyecto de manos del humorista “Checho” Hirane y el empresario Abraham Sapoznik para la programación de la señal nacional, Megavisión.
Haciendo un catastro a nivel país, la producción del programa hizo una selección de rostros para la pantalla que se dividía entre luchadores activos y físico culturistas, que quedarían bajo el comando de desarrollo de Mario Espinoza (Faraón), Franco Roa (Homónimo como luchador) y Andrés Cid (Perfecto Bundy).
La puesta en escena que se montó en este espectáculo no tenía precedentes. Pantallas gigantes y un escenario de primera categoría se montaron para la grabación de los 12 capítulos que lograría esa primera temporada en el Gimnasio Olímpico de San Miguel (qu en el proceso se mudaría a los estudios de Mega).
El equipo de luchadores lucía trajes de primer nivel, se formaron rivalidades, con videos tras bambalinas, pirotecnia al comienzo y final del show. Más de 2500 personas entre sus primeras presentaciones y poco a poco, el público se inclinaba por sus favoritos.
Sin embargo, la producción no lo era todo, y dado a que muchos de los que conformaban el plantel de luchadores de cada velada llegaron a ese sitial por su físico, el bajo nivel de los combates y la referencia, en algunos casos, demasiado cercana al contexto Norteamericano, hicieron que el proyecto de SWA se hundiera súbitamente a lo largo de la primera temporada. El afán de querer montar la “WWF” Chilena terminó por destruir el proyecto ante un público que no se convenció con la propuesta poco original que Megavisión ofrecía. Nuevamente, la lucha cae en un sitial disperso e itinerante.
Tras esto, la mayoría de los luchadores que permanecieron vigentes fueron los mismos que entraron al proyecto ya iniciados en este deporte espectáculo. Variados fueron los intentos de levantar la lucha libre nuevamente, logrando esporádicas presentaciones en San Antonio, entre lo que quedaba de CWN y distintos proyectos de los antiguos Xtreme, entre los que destacan ALP y AXN Pro Wrestling.

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La nueva lucha libre chilena

Pese al evidente declive del contexto luchistico local, las generaciones del 2000 y sus escuelas, junto al creciente interés del público chileno por la lucha libre norteamericana, abrieron un nuevo campo de producción de agrupaciones y luchadores.
Junto con la expansión del internet como canal mediático, comenzaron a ramificarse y a autogestionarse nuevas manifestaciones de lucha libre en distintos rincones del país, como consecuencia del trabajo y el seguimiento de la generación posterior a los Titanes y que tras el fracaso televisivo, no pudieron volver a encantar a un público que definitivamente quería algo distinto.
Arica, Antofagasta, Santiago, Rancagua y Talca se convirtieron en algunas de las sedes que se sumaban a las ya instaraudas en Santiago y en San Antonio.
Arica Lucha Libre (ALL), FULL Lucha Libre (Antofagasta), Revolución Lucha Libre (RLL), Chile Lucha Libre (CLL), Asociación Machalina de Lucha Libre (AML, hoy conocida como Max Lucha Libre) y FULL NSF (Talca) comenzaron a formar nuevas camadas de luchadores, con la base aprendida de alguna de las escuelas ya instauradas y respaldados por material audiovisual que se podía conseguir en distintos formatos, tomaban referencias y buscaban potenciar sus condiciones dentro del ring.
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Estas características hicieron que los grupos más conservadores de luchadores no validaran a estas nuevas expresiones luchísticas, lo que llevó a constantes roces entre agrupaciones además de una serie de disputas en torno a quien era realmente el mejor representante de la lucha libre nacional.
Las antiguas agrupaciones de San Antonio y Santiago, comenzaron poco a poco a extinguirse. La sumatoria entre los años dedicados, la necesidad de un oficio que sustentara la vida y la poca relación con las nuevas generaciones, dieron como resultado que tanto lo que acontecía en San Antonio como en Santiago hasta el surgimiento de estas nuevas agrupaciones, quedase en un estado de inercia en que esporádicamente alguna presentación se lograba levantar.
Las nuevas agrupaciones, comenzaron a hacerse poco a poco de nombre. Para algunos, el trabajo colaborativo era primordial. La sumatoria entre CLL, AML y FULL NSF, dieron espacio a lo que fue “COALICION”, un proyecto de cooperación inter-agrupacional que promovía la mezcla entre luchadores de distintos sectores presentándose para efectos de cada agrupación en particular. Si bien, estas presentaciones no alcanzaban márgenes de público importantes, la dinámica de compartir enseñanzas hizo que esta nueva camada comenzara a preocuparse más de las falencias que vivían en sus propios escenarios.
Por otra parte, Revolución Lucha Libre desarrolló un proyecto particular que en el año 2009, devolvió el glamour perdido de la lucha libre chilena, reinsertándolos en el Teatro Caupolicán. Tras dejar de lado los espacios reducidos, el equipo de RLL de la mano del productor Patricio “Hado” Sánchez, presentaron “Guerra de Titanes” una nueva camada de luchadores llegados desde distintos rincones de Santiago y que tras el éxito que alcanzaron en el formato de menor escala desarrollado como RLL en gimnasios de la comuna de San Joaquín y en el Teatro Novedades entre los años 2004 y 2008, alcanzaron la gloria de volver a ocupar este mítico escenario como arena de combate de la que sería la evolución de los antiguos Titanes.
En el norte del país, ALL y FULL llevaban un trabajo en conjunto como sus pares de “COALICIÓN”. Los Antofagastinos, comenzaron a llevar la delantera y poco a poco, empezaron a formalizar sus presentaciones y convertirse en uno de los principales referentes de la lucha libre nacional.
Uno de los aspectos más determinantes dentro de este tipo de expresiones deportivas, comprende el hecho de que el eje de trabajo principal de esta generación de agrupaciones se desarrolla bajo la autogestión. Eso implicó que muchas veces a lo largo de esta cronología, los alumnos, compañeros y colegas de una etapa, se verían enfrascados en discusiones, rencillas y diferencias irreconciliables que por lo general, decantaban en el nacimiento de una nueva agrupación. Con el paso de los años y en gran medida, gracias a las canteras de RLL, comenzaron a nacer distintos focos de producción de lucha libre dentro del contexto nacional, muchos de los cuales aún se mantienen vigentes.
De esta manera, llegado el año 2010, se sumaban a la ya larga lista de proyectos (algunos que apenas quedaron en una sigla en internet) de lucha libre nacional, agrupaciones tales como Generación Lucha Libre (GLL) de Puente Alto, Acción Sin Límites (ASL) de Concepción, Maximo Combate de Lucha Libre (MCL) de Santiago y Xplosion Nacional de Lucha (XNL), Santiago.
La oferta de lucha libre chilena se expandía a rincones insospechado y pese a la calidad de sus presentaciones, el germen de la lucha libre en chile se difundía ampliamente a lo largo de nuestro territorio.
El éxito de RLL comenzó a decaer, trasladando sus presentaciones al Club Mexico de Santiago tras una exitosa temporada entre los años 2009 y 2010 en la sede más importante de lucha libre nacional, además de considerables y cuantiosas giras en distintas localidades del país.
Sus paralelos en regiones y dentro del mismo gran Santiago, fomentaban la lucha libre a su manera, armándose poco a poco de un público suficiente para sostener sus presentaciones, que en gran medida se veían financiadas por fondos concursables gubernamentales o instancias municipales que ofrecían un espacio particular para la exhibición de la lucha libre local.
Las nuevas agrupaciones que surgieron este año, siguieron el método de trabajo de sus antecesores, y recopilando lo mejor de las enseñanzas de sus símiles en otros rincones del país, se propusieron desarrollar un formato propio de lucha libre chilena, siempre con la autogestión como común denominador.
Cabe destacar como hito importante dentro de esta cronología, el surgimiento de la agrupación XNL. Esta agrupación resultó como consecuencia de la migración de gran parte de los pilares de Revolución Lucha Libre, quienes descontentos con la administración y línea editorial que se llevó luego en el período de expansión de “Guerra de Titanes”, optaron por dar un paso al costado y reformular según sus intereses y objetivos, el formato de lucha libre chilena que a su parecer debía prevalecer bajo el slogan “la lucha libre que tú querías ver”.
Esta agrupación, logró importantes hitos a nivel nacional e internacional, tomando en consideración grandes espectáculos con visitas de talla mundial, entre los que destacaron importantes luchadores del medio Japonés y Norte Americano, además de formar instancias de difusión de la cultura luchística nacional, como la “Convención de Lucha Libre Chilena” donde gran parte de la escena nacional tuvo participación.
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Con la evolución de las agrupaciones ya consolidadas desde el año 2004 – 2005, se empezó a dar un fluído desarrollo y crecimiento de la lucha libre chileno dentro de la escena luchística internacional. Comenzando con la importación de distintos talentos latinoamericanos, como también de importantes luchadores de renombre, la lucha libre chilena empezó a hacer eco (a baja escala) dentro del contexto mundial, logrando que luchadores del norte y centro del país, comenzaran un éxodo paulatino en búsqueda de la preciada oportunidad por lograr el éxito en tierras extranjeras.
De esta manera, la lucha libre chilena en un afán por entender de la mejor forma esta disciplina, expandió sus conocimientos en zonas donde este deporte se gesta a gran escala. Mexico, Estados Unidos y Japón, fueron los principales rincones entre los que muchos luchadores locales comenzaron a ser partícipes (unos con mayor éxito que otros) llevando el nombre de la lucha libre chilena como estandarte.

La lucha libre chilena hoy

Estas mismas generaciones, fueron las que abrieron un nuevo campo de avance a nivel nacional, y entre las nuevas escuelas y generaciones de luchadores empezaban a emanar nuevos focos de desarrollo. Los antiguos Titanes erradicados en la quinta región, motivaron a nuevas camadas de luchadores que se unirían en variados sectores del país. Además de los constantes éxodos dentro de agrupaciones ya formadas, se dio una importante expansión de este deporte como constante a partir del 2012, naciendo de esta forma agrupaciones como Valparaiso Lucha Libre (VLL), Nueva Alianza Guerra (NAG, Quilpué), Fenix (FNX, Quilpué), Legión Nueva Era de Titanes (Santiago), Lakonn (Santiago), Lucha Libre Calama, Guerreros de la Lucha Libre (GDLL, Santiago), entre muchas otras.
El nivel demostrado tanto en sus condiciones técnicas, como en su puesta en escena muestra importantes brechas entre agrupaciones. Esto mismo, sumado a la constante competitividad que puede alcanzar esta disciplina, mantiene a la lucha libre chilena en una especie de “guerra fría” en que se vive una relación de amor y odio entre agrupaciones a fin de hacer valer su propio espectáculo como el mejor del país.
Al mismo tiempo, la validación entre pares respecto a las condiciones apropiadas para desarrollar un espectáculo en torno a las aptitudes de los luchadores, nivel de preparación, condición física, nivel técnico, formato de presentación, calidad de montaje, entre otros, son también puntos de discusión constante entre las distintas generaciones involucradas dentro del espectro contemporáneo de la lucha libre chilena.
Llegado el año 2015, la situación es prácticamente la misma de hace 10 años, o quizás más compleja dada a la gran cantidad de ofertas que existen dentro del medio.
Nuevas propuestas como el Campeonato Nacional de Lucha Libre (CNL, Santiago) o la Federacion Nacional de Lucha (FNL, Santiago) comprenden un sistema de trabajo que se encarga directamente de la promoción y producción de espectáculos, bajo una dinámica en que los luchadores son escogidos de distintos rincones del país y se presentan en esporádicas exhibiciones de importante alcance y resultados, al margen de su situación particular en sus agrupaciones de origen y sin el formato de autogestión que caracteriza a gran parte de la masa luchística actual en chile.
Hoy por hoy, la lucha libre local cuenta con un repertorio innumerable de luchadores, agrupaciones y formatos. Con personajes de todo tipo, de distintas generaciones, motivaciones y referencias, los luchadores y luchadoras de nuestro país buscan emerger de esta escena ignorada por muchos, para alzarse como los estandartes de una disciplina alicaída con el pasar del tiempo.
La cronología de la lucha libre chilena, con sus más de 70 años de desarrollo sigue los vaivenes de una sociedad tambaleante que pese a aciertos importantes, no interioriza dentro de su cultura el valor que sus gestores desean impartir.
Ya sea por el contexto político, el nivel de producción, las referencias internalizadas, las experiencias del pasado o por diferencias entre sus precursores, la lucha libre chilena se encuentra en una etapa de maduración constante, que busca recuperar el encanto, la vitalidad y la fuerza con que la lucha libre se vivió durante la época del cachacascán. Tiempos en que la lucha libre era símbolo de grandeza, entrega y coraje, cuando la lucha libre tenía un sitial de respeto, calidad y honor, tiempos pasados que hoy se ven lejanos acorde a los resultados, pero con una intensa esperanza de recuperarlos y devolverle el sitial que merece la gloriosa lucha libre chilena.
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