LARIATOOO…!!!: La historia de Stan Hansen

   




Me encanta la lucha libre, porque me 

paga por algo que haría absolutamente gratis

Stan “The Lariat” Hansen

“El éxito es 99% sudor, 1% inspiración” dice aquella máxima atribuida a Thomas Alva Edison. Este dicho ilustra perfectamente una realidad que se ha visto en todas las épocas de la historia: el hombre más talentoso no necesariamente es el que tiene mayor éxito. Es cierto que el talento ayuda, pero aún más cierto es que en las más de las veces quienes marcan hitos en la historia destacan más por su perseverancia y atrevimiento que por su habilidad en su disciplina; las condiciones que les faltan para alcanzar al más talentoso, las compensan con otra cualidad. En la lucha libre norteamericana esta realidad es bastante frecuente: los luchadores más icónicos no son necesariamente los mejores técnicos arriba del ring. Varios de los exponentes más famosos de la lucha libre estadounidense tenían muy poca habilidad en el ring, pero se las ingeniaban para destacar más que sus compañeros más prolijos en lo técnico. No estoy diciendo que eran necesariamente “malos” sobre el ring: lograban poner excelentes combates usando pocas movidas, o eran perversamente entretenidos por otras cualidades distintas a la técnica.

Una panza prominente. Movidas simples, poca técnica, y demasiado uso del golpe y la patada. Como vestimenta, una calza negra poco llamativa, sin estampados ni adorno alguno. Corto de vista y dueño de un par de anteojos que tras bastidores no le daban precisamente una apariencia temible. Un personaje de cowboy que los fans norteamericanos despreciaron por considerarlo demasiado repetido. Como movimiento final, una simple reata (un lariat, un lazo al cuello con fuerza). Rebelde tras bastidores, y poco amistoso con los promotores. ¿Cómo pudo una persona con semejantes credenciales llegar a convertirse en uno de los luchadores más emblemáticos de los ’80 y ’90? Cuatro veces Campeón Triple Corona de All-Japan Pro Wrestling (AJPW). Ocho veces Campeón en Parejas de AJPW. Cuatro veces ganador del torneo World Strongest Tag Determination League de AJPW. Ganador de varios campeonatos más en su tierra natal. El primer norteamericano en derrotar en un mano a mano a las leyendas japonesas Giant Baba y Antonio Inoki. Dave Meltzer le dio cinco estrellas a tres de sus luchas, y el Wrestling Observer Newsletter lo premió como Mejor Brawler en dos ocasiones y lo indujo a su Salón de la Fama. Inspiró a todas las generaciones posteriores a él en Japón: hasta el día de hoy, los comentaristas gritan “LARIATOOO…!!!” en su honor. John “Bradshaw” Layfield (JBL) moldeó completamente su estilo de pelea basándose en Hansen, al punto que tomó la reata como su movimiento final. Cuando en el año 2013 Kazuchika Okada fue premiado con el mejor movimiento de lucha por Meltzer, para sorpresa de todos, se trataba de una reata. En Chile, luchadores como Roberto Olivares y Segundo Santamaría quisieron incorporar la reata como movimiento final en honor a Stan Hansen. ¿Cuál era el secreto para que un hombre, en apariencia sin mayor futuro, se convirtiese en una leyenda de nuestro deporte?

Antes de comenzar a contar la historia del “Hombre malo de Borger, Texas”, hay que tener un hecho histórico en claro: Stan Hansen fue exitoso en Japón, no en Estados Unidos. Hay dos buenos motivos de por qué no se suele mencionar muy seguido al vaquero en las crónicas norteamericanas de los ’80. El primero de ellos es que siempre se vio opacado por luchadores más carismáticos o más técnicos que él. Aun cuando ganó algunos títulos en Estados Unidos, no tuvo el mismo nivel de arrastre que otros de sus contemporáneos como Ric Flair, Bruno Sammartino o Dusty Rhodes. El segundo, Hansen estuvo vetado por varios años en el circuito estadounidense por la pésima relación que tenía con los promotores; de hecho, fue su trabajo en Japón lo que hizo que la World Championship Wrestling (WCW) reconsiderara el traerlo de vuelta al país para darle un contrato. Cuando la WWE publicó el video de inducción al Salón de la Fama, exageró enormemente los logros de Hansen en EE.UU.; esto se debe a que la WWE no cuenta con los derechos para emitir las peleas del cowboy en AJPW, y debe recurrir a contar entonces una historia relativamente revisionista de su carrera, con breves menciones al lugar en donde efectivamente alcanzó fama y prestigio.




John Stanley Hansen no siempre fue luchador. En un primer comienzo era jugador de fútbol americano, y tomó un empleo en la lucha libre como trabajo de medio tiempo. No obstante, después de que su equipo de fútbol se disolviera, sintió que tenía mayor aprecio por el ring y se dedicó a la lucha libre a tiempo completo. Allí fue cuando ingresó al entrenamiento bajo la familia Funk (Dory, Dory, Jr. y Terry) y trabó amistad con Frank Goodish, el futuro Bruiser Brody. Al cabo de tres años desde su debut en 1973, ingresó a la World Wide Wrestling Federation (WWWF, actual WWE), y al poco tiempo se vio enfrascado en una rivalidad con el Campeón Bruno Sammartino. En los múltiples encuentros que tuvieron, la brutalidad siempre estuvo presente, y ambos competidores solían salir magullados y ensangrentados de las peleas. En una ocasión, Hansen ejecutó un Powerslam sobre Sammartino, pero la ejecución no fue la adecuada: el receptor sufrió una fractura en el cuello. No obstante, la genialidad creativa de la WWWF la llevó a afirmar que en realidad el cuello de Sammartino se había roto por la reata de Hansen: esto dio la impresión entre los fanáticos de que la reata era un movimiento letal. En los años siguientes Hansen siguió peleando en promociones pequeñas y en la WWWF, pero tristemente siempre se vio opacado por talentos más consolidados como Bob Backlund y Pedro Morales.

Fue entonces en 1985 cuando Hansen se mudó a la American Wrestling Association (AWA), en donde llegó a ser Campeón Peso Pesado, mas la experiencia de trabajar en dicha promoción distaba mucho de ser una estadía feliz. Frecuentemente el texano tenía roces con el promotor, Verne Gagne, por asuntos de cartelera y armado del show. Tampoco tenía muy buena recepción con el público: el personaje de vaquero ya había sido empleado demasiadas veces en suelo norteamericano, y no generaba mayor interés en la audiencia. Su estilo de pelea, excesivamente simple, se veía habitualmente opacado por el talento técnico de luchadores como Nick Bockwinkel (con quien Hansen no mantenía una buena relación). Los problemas tras bastidores se acrecentaron al punto de que en una ocasión, durante un combate mano a mano, Hansen se salió de libreto y le dio una senda paliza al hijo de Verne Gagne, Greg. En aquel entonces, Greg Gagne se había hecho demasiados enemigos tras bastidores en la AWA por un asunto de nepotismo; sin tener el talento de su padre, Greg constantemente subía en cartelera, y eso exasperaba al plantel. El incidente de su hijo fue la manzana de la discordia entre Stan Hansen y Verne Gagne, y fue entonces cuando el promotor de la AWA le exigió al Campeón Peso Pesado perder el título ante Nick Bockwinkel. La respuesta de Hansen consistió en dos hechos poco amistosos: se negó a perder ante Bockwinkel, y procedió a atropellar el cinturón con un camión y enviárselo por correo a la oficina de Gagne. Tras estos incidentes, Hansen se hizo mala reputación entre los promotores norteamericanos, quienes le negaron la posibilidad de obtener un contrato de trabajo. Parecía el fin de la carrera del texano.

Hay un viejo adagio que dice que cuando se cierra una puerta, en algún otro se abre una ventana, y en el caso de Stan Hansen, la ventana se encontraba en el lejano oriente. Mientras se hallaba trabajando para la AWA, el vaquero ya había establecido contacto con promotores en Japón (otro de los tantos motivos de enemistad con Verne Gagne). Como ya se dijo en un principio, Stan Hansen era corto de vista, tenía una contextura física que distaba mucho de ser la de un físico culturista, su arsenal consistía en golpes, patadas y algunos movimientos básicos, y su personaje ya estaba demasiado visto en EE.UU. No obstante, lo que parecían debilidades terminarían siendo sus mayores fortalezas durante su incursión en Japón. En primer lugar, para compensar su falta de visión, Hansen había adoptado un estilo de golpear exageradamente fuerte, lo cual se adaptaba perfectamente al modo de lucha japonés, e imponía respeto en el camarín. En segundo lugar, Stan Hansen era gigantesco (1,93 m.) para la media japonesa, y su contextura física le otorgaba una tolerancia sin igual al dolor. En tercer lugar, el cowboy había aprendido de la escuela norteamericana el cómo ser realmente entretenido sobre el ring sin hacer demasiadas cosas, y lo aplicó de manera magistral en la Tierra del Sol Naciente. Y en cuarto lugar, su personaje de vaquero, fracasado en su tierra natal, se convirtió en una sensación entre el público japonés: la lucha libre japonesa suele no tener demasiados personajes (lo cual explica el éxito de personalidades como The Great Muta, Jushin Liger y Tiger Mask), y un vaquero era algo completamente inédito. Por último, como cualidad complementaria, Hansen era un tipo legítimamente rudo, capaz de tumbar a prácticamente cualquiera en una pelea real, y era garantía de una paliza gratuita el que alguien intentara tomarse demasiadas libertades con él o salirse de libreto en una lucha.

La primera incursión de Hansen fue en New Japan Pro Wrestling (NJPW), en donde se enfrentó a algunos compatriotas que venían de visita a Japón y talentos locales, pero su verdadero ascenso a la fama comenzó en All-Japan Pro Wrestling (AJPW). Durante nueve años (1981-1990), Hansen comenzó a volverse tremendamente popular entre la audiencia japonesa, a pesar de su papel de villano en los shows. Los japoneses solían estallar en aplausos cuando el gaijin conectaba su reata sobre el oponente al tiempo que los comentaristas gritaban agudamente: “LARIATOOO…!!!” (la cual es una costumbre que hasta el día de hoy los comentaristas japoneses conservan en honor a Hansen, cada vez que alguien ejecuta una reata). Fue allí en donde derrotó en peleas titulares a las leyendas japonesas Giant Baba y Antonio Inoki. Mas el papel de Hansen no se resumía tan solo con ser solista: demostró ser tremendamente talentoso en la lucha de parejas. Hizo alianzas con luchadores como Terry Gordy, Ted DiBiase, Genichiro Tenryu y su querido amigo Bruiser Brody (a quien también le dedicaría varias luchas en su honor tras su asesinato en 1988). En una ocasión, durante una lucha interpromocional entre AJPW y NJPW, Stan Hansen se enfrentó al feroz Vader, quien se ya se había hecho una temible reputación en el medio por su brutal estilo de golpear fuerte y sin misericordia. La pelea fue brutal de principio a fin: al hacer su entrada, Hansen golpeó a Vader con una campana de vaca que tenía amarrada a las cuerdas y le quebró la nariz. Ambos hombres comenzaron a atacarse sin piedad, y fue entonces cuando un puñetazo que lanzó Hansen a Vader le causó desprendimiento de retina; la audiencia japonesa observó con horror como el ojo del mastodonte se volteaba hacia adentro. No obstante, prosiguieron su combate a golpe limpio, el cual terminó en una doble descalificación, y acrecentó la reputación de ambos luchadores como hombres rudos. La tenacidad y brutalidad de Hansen terminó por darle el apodo de “Fuchinkan”, el japonés para “El buque de guerra inundible”. También en otra ocasión mantuvo un excelente combate con una leyenda de la lucha libre norteamericana, André el Gigante.

La fama de Hansen en Japón llegó a oídos de los promotores norteamericanos, y fue entonces cuando la WCW decidió contactarlo en 1990 para darle una oportunidad en la empresa. Fue allí cuando el Fuchinkan derrotó a Lex Luger por el Campeonato de los Estados Unidos de la WCW; con esta victoria, Hansen terminó con el récord de 523 de Luger. No obstante, el vaquero nunca demostró demasiado entusiasmo trabajando para Ted Turner; al mismo tiempo seguía luchando para AJPW, y finalmente decidió abandonar la WCW un año después tras negarse a participar en un ángulo con un grupo de vaqueros llamados The Desperados (Deadeye Dick, Black Bart y Dutch Mantel [a quien los fans actuales de la WWE conocen como Zeb Colter]), y nunca más volvió a luchar en su tierra natal. En los años siguientes (1991-2001), trabajó exclusivamente para AJPW, en donde tuvo algunos de los mejores combates de su carrera contra exponentes como Kenta Kobashi, Toshiaki Kawada y Mitsuharu Misawa, con quien intercambió el Campeonato Triple Corona de AJPW varias veces, además de otros excelentes luchadores de los ’90. Cuando en el año 2000 Misawa abandona AJPW para fundar Pro Wrestling NOAH, se llevó a varios luchadores del plantel para trabajar con él, mas Stan Hansen optó por permanecer leal a su compañía. Tristemente, para ese entonces había desarrollado severos problemas a su espalda, y debió retirarse en pocos meses. No obstante, AJPW quiso darle el papel de una figura de autoridad en el show, cargo que desempeñó hasta el 2007, luego de lo cual se retiró definitivamente del deporte. No fue cualquier clase de retiro: se retiró como una verdadera leyenda.

Nadie es profeta en su propia tierra (Lc 4, 24-30) y en ocasiones es necesario salir de la zona de comfort para alcanzar la gloria. La historia de Hansen es el relato de un hombre que supo aprender de sus errores, convertir sus debilidades en fortalezas y salir a buscar nuevas oportunidades cuando parecía que todo estaba perdido. Así es como en la vida se logran hacer grandes cosas: mediante la perseverancia y el atrevimiento, no tanto por el talento. La biografía de Stan Hansen, vista con ojo crítico, puede ser una gran fuente de inspiración. Hace ya varios años que soy admirador de su carrera y constantemente estoy buscando su trabajo en YouTube; en particular, me encantan los combates mano a mano que llevó a cabo con André el Gigante y “Dr. Death” Steve Williams. Stan Hansen demostró que, cuando algo en la vida de verdad apasiona, siempre se hallará el medio para alcanzarlo.

Las opiniones emitidas en esta columna son de exclusiva 

responsabilidad del autor, y no necesariamente representan el

pensamiento de alguna compañía de lucha libre en particular.

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