Los vicios, clichés y prioridades de WWE

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La WWE nos tiene acostumbrados a mostrar estereotipos de luchadores, storylines vistas en distintas etapas de su historia y logros que solamente a la misma empresa en sí le interesa recalcar, y a pesar de que se hable de “nueva era” o “revolución de (inserte concepto aquí)” el imperio de Vince McMahon siempre recurrirá a las viejas confiables para asegurar un mercado objetivo. El TIM analizará estos aspectos que querámoslo o no, siempre estarán presentes en WWE, y que es necesario reconocer para entender este negocio.

 

El superhombre invencible

Este prototipo de luchador ha existido desde hace mucho más tiempo del que nosotros nos imaginamos. Es cosa de ver los eternos reinados de Bruno Sammartino que alcanzaron 2.803 días en su primer reinado y 1.237 en el segundo (sumando ambos reinado nos da un total aproximado de más de 10 años) Pero fue con la llegada de Hulk Hogan a la industria del wrestling cuando se estableció la figura del superhombre que siempre saldrá victorioso en cualquier rivalidad, que a veces de la nada y sin razón aparente obtendrá peleas titulares las cuales ganará y si las pocas veces que es vencido rara vez es de forma limpia, siendo necesarias trampas o estrategias de proporciones ridículas para que caigan.

Este estereotipo se ha perpetuado con luchadores como John Cena últimamente con Roman Reigns, con el fin de vender al público la estrella que sea la cara de la compañía, a través de las características ya descritas.




El heel cobarde y tramposo

Hay que ser justos, no es algo que sólo ha pasado en WWE. El mundo del wrestling se nutre de este ángulo, de mostrarnos a un personaje villano que vence a su rival utilizando trampas o estrategias sucias. El problema es que en WWE abusan de ésto y arruinan la credibilidad de personajes que tienen el talento suficiente para verse bien en el ring, pero se ven obligados a mostrarse como el tipo que huye de los enfrentamientos o que necesita de la ayuda de otro villano para conseguir la victoria, a menos que sea un monster heel intimidante que bordee los dos metros de altura y sea una mole, como lo que hemos estado viendo en el último tiempo con Braun Strowman.

¿Cuánto habrían mejorado los reinados de Seth Rollins y Kevin Owens si WWE no se hubiese cerrado a mostrar ese tipo de heel?

 



USA versus el mundo

*Foto: “The Local Hero” Joe Hendry haciendo de embajador de Rusia jajajaajajaja

Quienes vemos WWE tenemos que saber y asumir algo partiendo desde lo más obvio: se realiza en Estados Unidos, por lo tanto, el espectáculo va unido a todas las características que poseen la cultura e idiosincrasia norteamericana ¿y cuál es una de las grandes características que siempre estará presente sin importar la época que vivamos? EL PATRIOTISMO, y no cualquiera. Ese patriotismo donde nos restriegan a todos nosotros cuán orgullosos están de vivir en Estados Unidos y que siempre se sobrepondrán a cualquier amenaza extranjera… dentro del ring. La rivalidad de Hogan con Sgt. Slaughter aprovechando la contingencia de la guerra del Golfo, la amenaza que representó el (no) japonés Yokozuna y que ayudó a levantar la figura de Lex Luger mostrándolo como un “all-american” (¿qué más yanqui que eso?) y el (en ese entonces) invencible Rusev que pasaba por encima de todos poniendo a prueba la superioridad del luchador americano, dan cuenta de este cliché en el wrestling del país del tio Sam.

Para qué hablar de las rivalidades con luchadores de Medio Oriente. Si vienes de ese lugar del mundo a hacerte de un nombre en WWE, es prácticamente un hecho que serás heel y tu feudo se sustentará en atacar al pueblo estadounidense para que así tu rival se gane la simpatía del público y gritos de apoyo “USA!”, “USA!”, “USA!”. Ya saben, en WWE si no vienes de un país angloparlante, eres enemigo de las barbecues, el New York Times, Jay Leno y de todo lo enfermizamente yanqui.

 



Su obsesión con el pasado

Lo hemos visto en el último tiempo y lo seguiremos viendo con alguna superestrella en particular. La WWE ama revivir el pasado, incluso el pasado que no lo relaciona directamente a su historia (llámese WCW o ECW) lo cual no es malo, todos nosotros amamos la nostalgia en todo sentido, recordar lo que nos dio todo tipo de emociones es algo natural y en el caso de WWE y los fanáticos es lo mismo. Recordar la Attitude Era, las grandes figuras de antaño, los combates que catapultaron a luchadores para convertirse en leyenda es algo que hacemos y haremos con frecuencia. El problema es cuando la manía de revivir el pasado se toma el protagonismo en el presente en desmedro de las figuras actuales, dando a entender que en la empresa de Vince McMahon no confían en sus jóvenes talentos y por eso vuelcan todo su interés en los luchadores que figuraron en épocas pasadas y se suben al ring de forma ocasional.

Claramente esto se hace para atraer al fanático casual que no sigue el wrestling actual pero que pagaría por volver a ver al personaje que fue parte de su infancia, los cuales siempre existirán y por tanto WWE seguirá sacando partido de ello pues siempre generará utilidades y los que odian esto tendrán que lidiar en el futuro con algo parecido a The Rock quitándole el main event de Wrestlemania a CM Punk, a Steve Austin junto a Mick Foley y Shawn Michaels humillando a un stable heel en Wrestlemania o a un Goldberg venciendo a Kevin Owens en un squash, todo en honor a la nostalgia y amor al pasado.

 

Su amor por romper sus propios récords

Los récords están para romperse, y eso al parecer en WWE es una premisa, y muy arraigada en su historia. En WWE romper los récords es tan trascendente como el logro de un título importante, por eso la gran importancia que le dieron al récord de asistencia (aunque inflado) en Wrestlemania 32, o el reinado con el campeonato tag team de New Day (483 días) sobrepasando al de Demolition (478 días) o el reinado 16 del campeonato mundial de John Cena para así igualar (según ellos) la cantidad de títulos mundiales obtenidos por Ric Flair. El problema es cuando ese afán de batir records forma parte de los storylines de tal forma que ya es casi evidente cada una de las cosas que se vienen en el futuro, ya que WWE se encarga de enrostrarnos que “los récords están para romperse”.

Toda rivalidad con The New Day no tenía ningún sentido puesto que se sabía que los creadores de los cereales Booty O’s superarían el record tag team, por ende no iba a haber cambio de tìtulos antes de eso, o que aunque el reinado de AJ Styles como campeón mundial fue uno de los más creíbles en el último tiempo, todos sabíamos, incluso desde el primer día del fenomenal reinando como campeón, que Cena lo vencería tarde o temprano para agregar otro palmarés en su carrera… porque es John Cena.

 

El Wrestling no es lo más importante

Esto hay que asumirlo desde ya y creo que muchos de nosotros nos hemos sacado la venda de los ojos con respecto a WWE. El wrestling dejó de ser la primera prioridad para la empresa de Vince McMahon hace muchos años, es más ni siquiera alcanza a ser la segunda prioridad. Con esto no quiero decir que el wrestling no sea importante, porque sí lo es, de lo contrario no habría un Nakamura, un Styles, un Austin Aries, un Neville, entre varios más. Lo que se quiere dejar en claro es que el concepto clásico de mostrar un espectáculo basado principalmente en el wrestling no está en las prioridades de WWE. Entonces ¿Qué es lo más importante para WWE? Es vender un producto centrado en su concepto de “entretenimiento deportivo”, donde la palabra “wrestling” no tiene cabida e incluso llega a parecer tabú, donde podamos ver a WWE como una marca que abarque la mayor cantidad de campos en los medios de comunicación -ya sea música, cine, un canal exclusivo, internet, etc.-, donde puedan moldear a sus “superestrellas” como rostros corporativos para sus campañas tales como Make-a-wish, Be a Star (contra el bullying), Connor’s Cure (para la cura del cáncer pediátrico), Susan G Komen (para el cáncer de mamas) y ser como una especies de embajadores en otros países para expandir su mercado objetivo y donde buscará deleitar al fanático ocasional que es precisamente el que no consume wrestling pero que pagaría por volver a ver a los rostros que fueron parte de su infancia o preadolescencia.

Si quieren ver netamente wrestling, entonces busquen eso en New Japan, Ring of Honor, Pro Wrestling Guerrilla o en las distintas empresas del Reino Unido. Si no, siéntanse agradecidos que entre tanto relleno podamos ver de vez en cuando algún combate de gran nivel digno de 4 o incluso 5 estrellas según escala Meltzer.

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